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1/08/2013

LA RESURRECCIÓN DE CHÁVEZ



Santiago Villarreal Cuéllar
Cuando las agencias internacionales dan por seguro que el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael Chávez Frías no podrá posesionarse en la fecha señalada por la Constitución de su país; cuando periodistas que respiran venenoso odio hacia Chávez, dicen (sin saberlo), que se encuentra en una fase terminal de su penosa enfermedad; cuando opositores exiliados en Miami, aseguran complacidos que el presidente de los venezolanos está en estado de coma inducido y solo basta que le retiren los tubos que lo mantienen con vida para que expire; cuando seudo-constitucionalistas venezolanos y extranjeros al servicio de las transnacionales dicen que de no haber posesión del mandatario, debe convocarse nuevas elecciones, salió el vicepresidente Nicolás Maduro a decir la verdad. Con el texto de la Constitución venezolana en sus manos, leyó el artículo 233 que dice así: “Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: la muerte, su renuncia, la destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado éste por la Asamblea Nacional, así como la revocatoria popular de su mandato.” Queda claro que no será fácil sacar a Chávez del poder. Es como si resucitara de las muertes presuntas de las que ha sido victima en los últimos días. Pareciera que dicho artículo constitucional, redactado y aprobado en 1999, previera, que trece años después sería el adecuado para un momento difícil por el que atravesaría el líder venezolano. La casualidad o la intuición del mismo Chávez, permitió que no quedaran vacíos constitucionales y jurídicos frente a una ausencia temporal e imprevista del mandatario.
Por ahora, los opositores del régimen venezolano se quedarán con los crespos hechos frente a nuevas y prontas elecciones presidenciales. También quedaron pasmados los sectores internacionales, que creyeron no solo en el fin de Chávez, sino del sistema implantado en su país y copiado por otras naciones latinoamericanas. Tendrán que seguir esperando y quizá se cumpla la sentencia misma del “Comandante,” quien en repetidas arengas dice: “más nunca volverán.” Refiriéndose a la oligarquía que gobernó ese país desde 1958, hasta 1999. Paradójicamente, un vocero del gobierno de los Estados Unidos, salió a reclamar el sometimiento a los preceptos constitucionales, si Chávez llegara a faltar. El régimen norteamericano, que tiene manchadas de sangre sus manos de patrocinar golpes de estado y de violar la institucionalidad de otras naciones, no tiene ninguna autoridad moral para reclamar derechos a una nación soberana.           

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