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9/08/2012

LA PATASOLA Y EL MOHÁN



Santiago Villarreal Cuéllar
En las selvas tropicales la Amazonía, los cazadores y exploradores encontraban sobre los playones de los ríos, el rastro de un pie descalzo, largo y fino. Esto indicaba que se trataba del delicado pie de una mujer. Más de un aventurero seguía el rastro, el cual se adentraba en la maleza, continuando entre la jungla. El desafortunado nunca regresaba. La Patasola, un espíritu de las selvas, encarnado en el cuerpo de una mujer alta de estatura, de largas y negras cabelleras que le cubren sus partes íntimas, solo posee una pierna. Este extraño ser, se comía los hombres que se atrevían a acercársele y de ellos solo dejaba la osamenta triturada y una masa espumosa de carne sanguinolenta.
El Mohán, solo ha sido visto en las riveras del río Magdalena, que baña de Sur a Norte nuestra bella Colombia. Es un hombre de avanzada edad, cuyas largas barbas le caen más abajo de sus partes íntimas y le sirven como único vestido. Su cuerpo es flaco y su piel canela; generalmente le gusta salir cuando el sol se pone y aparece sobre el horizonte el plateado disco de la luna llena. Su blanca cabellera, brilla como hebras de plata en las claras noches, y en sus tostados labios sostiene un enorme tabaco, el cual chisporrotea rojas cenizas encendidas, que chirrean al caer sobre las turbias aguas. Más de un pescador lo ha observado y creyendo que se trata de un noble anciano, se le ha acercado, llevándose la sorpresa que al saludarlo, lo atrapa con una gruesa red de telarañas y lo sumerge en las profundidades del remolino.
Sin embargo, en estos tiempos modernos de la moto-sierra, los sembradíos de coca y la exploración minera en la Amazonía, ya la Patasola no se atreve a salir a comerse a los hombres. Con la construcción de represas para generar energía eléctrica y la concesión del río Magdalena a los chinos, el Mohán se marchó, antes que lo subasten a compañías extranjeras.         

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