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5/15/2012

"POSEÍDOS" DEL DEMONIO

Santiago Villarreal Cuéllar Una hija golpeó inmisericordemente a su madre, causándole hematomas y fracturándole un cuadril que la dejó inválida. Una joven de 18 años asesinó a su hermano de 22, después que este defendía su madre, quien era agredida por su hija. Los dos casos sucedieron en Pitalito. En ambos se ha dicho que las agresoras fueron poseídas por el diablo. De la primera agresora se supo que consume substancias alucinógenas y se encontraba bajo sus efectos cuando causó el daño a su mamá. De la segunda no se tienen mayores datos y fue recluida en centro penitenciario. Estos casos se presentan en muchas partes del mundo y cualquier síntoma de agresión de un adolescente, o persona mayor es calificada de “posesión demoníaca.” Muchas de esas personas son llevadas a centros llamados espirituales donde les practican “sanaciones.” Pero, ¿dónde comienza la realidad y termina la ficción? Para la ciencia estas patologías deben recibir tratamiento psicológico, psiquiátrico y en muchas ocasiones neurológico. Para los sicólogos, la ira o rabia, se desarrolla en los humanos en diferentes etapas de su vida. Un bebé recién nacido es ajeno a estos síntomas. El aprendizaje empieza cuando el niño ve que sus padres y personas que lo rodean, expresan sentimientos de rabia y agresión. Durante su crianza empieza a mostrar síntomas de agresividad, acentuándose más en la etapa de la pubertad y adolescencia. En muchos casos su agresividad es tan intensa que es capaz de emprenderla contra sus hermanos y hasta sus padres. Si el adolescente consume drogas, llámese alcohol, alucinógenos, psicotrópicos y drogas sintéticas, su estado emocional se altera más y puede llegar al asesinato, o al suicidio. Desafortunadamente en nuestro país, el sistema sanitario no contempla tratamientos psiquiátricos para estas personas y cuando cometen un delito son conducidos a centros penitenciarios, donde se acentúa su patología. Mientras no exista un tratamiento médico-científico, estas personas continuaran agrediendo a otros seres humanos y la sociedad, influida por preceptos religiosos, seguirá creyendo que el diablo se ha encarnado en sus cuerpos.

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