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2/07/2012

EL VIRUS DE LA PALMA





Por: Santiago Villarreal Cuéllar
A comienzos de la década de los noventa, el gobierno de Estados Unidos, liderado por George Busch (padre), incentivó la siembra y cultivo de palma africana. Obviamente esos cultivos se recetaron para América Latina y el resto de países tropicales del mundo.
La crisis de los combustibles fósiles. Su posible agotamiento y las futuras guerras (provocadas), colocaron en estado de alerta a las potencias occidentales. Buscar un reemplazo a esos recursos energéticos, ha llevado años de investigación sin vislumbrar una alternativa viable. Brasil desarrolló en la década de los setenta, los primeros combustibles a base de alcoholes (bio-combustible), partiendo de la caña de azúcar. Posteriormente, desarrolló un combustible que puede sustituir el diesel, a base de aceite de palma. El mismo aceite comestible elaborado de la materia prima originada de la palma africana.
Extensas zonas selváticas de todos los países tropicales, han sido deforestadas para reemplazarlas con los cultivos de palma africana. Ese experimento es contrario al medio ambiente porque rompe por completo la cadena de la biodiversidad. La fauna que otrora se alimentaba con diferentes frutos de esa diversa flora, emigran, o mueren porque el producto de la palma no constituye su fuente nutricional. A eso se añade la desaparición de su hábitat natural.
Colombia no ha sido ajena a esa moda de sembrar palma africana. Grandes regiones de la Amazonía, Llanos orientales, Magdalena Medio y región Pacífica, han sido preñados de esos cultivos. A sangre y fuego han usurpado las tierras de humildes campesinos para engrosarlas a enormes haciendas palmeras. Utilizando grupos para-militares, desplazaron cientos de miles de campesinos pobres, que se negaron a sembrar palma, o vender sus fincas a bajo precio a los señores de la palma.
El virus de la palma fue tan contagioso, que en muchas ciudades colombianas, reemplazaron los árboles de sus principales parques y avenidas por palmas. No propiamente africanas, o productoras de aceite, sino de otras especies.
Nuestra ciudad de Pitalito no fue ajena al virus. El parque José Hilario López, el Terminal de Transporte y algunas de las  pocas avenidas, fueron sembradas de palmas. La mayoría ni siquiera son especies de nuestra región.
Ya es hora de poner fin a esa siembra indiscriminada de palma. Pongamos punto final a ese virus. Sembremos árboles nativos de nuestra región. Nuestros parques y avenidas deben ser hábitat de especies de aves, que solo conviven donde existe diversidad de flora.
Los llamados defensores del medio ambiente, deberían haber colocado hace tiempos el grito en el cielo. Pero no he escuchado a nadie pronunciarse sobre ese crimen ecológico que se llama el virus de la palma.         

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