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3/04/2016

Firmar contra la adopción gay


Santiago Villarreal Cuéllar

Precursores del oscurantismo; fariseos que rezan a gritos para que el pueblo los vea y les crea; empuñadores del látigo de la opresión; siniestros personajes que pretenden regresarnos a las teocracias demolidas por los huracanes de la libertad y la razón; búhos que en la oscuridad de sus mentes pretenden tapar con vendas mohosas el inmenso sol que alumbra nuevos horizontes. Así andan, se pasean, discursan y divagan, dos senadores, una que pisotea con su fanatismo los ideales del partido que avaló su nombre y el otro hace apología al partido de los retrógrados; recogen firmas para convocar un referéndum con el propósito de derogar la sentencia de la Corte Constitucional que dio a la comunidad gay de Colombia la oportunidad de adoptar niños. Peligrosa misión y oscuro objetivo, si tenemos en cuenta que se trata de menoscabar el derecho de una minoría. Hitler también empezó su campaña siniestra criticando los judíos y terminó cometiendo el más horroroso crimen que la historia reciente haya registrado. Así empiezan los opresores y terminan absorbidos por su fanatismo ciego destruyendo las vidas de quienes ellos consideran pecaminosos e indeseables.    

La comunidad LIGTB por su parte duerme en los laureles de la pasividad; miran para otro lado y como los avestruces que esconden su cabeza al vislumbrar el peligro, no perciben el atropello. Un logro ganado con esfuerzo no puede dejarse arrebatar por parte de unos fanáticos. Deben enarbolar las banderas de la libertad y el derecho; esos mismos que no tenían y los tuvo marginados y despreciados por una sociedad hipócrita. Porque no se trata de perder un logro; se trata de defender sus derechos. Los defensores de los Derechos Humanos rechazamos categóricamente esta campaña en contra de los derechos adquiridos por una minoría. Es como si recolectaran firmas para aprobar la pena de muerte, o retroceder a la esclavitud y venta de afro-descendientes; es igual que convocar un referéndum para legalizar la tortura, negar el voto a la mujer, o prohibir la libertad de culto y de conciencia; son los mismo derechos fundamentales rescatados para todos los habitantes; solo que cuando se otorgan a una minoría parecen exagerados y hasta abusivos. Aquí no se trata solo de la defensa de una minoría; aquí lo que está en peligro son todos los derechos fundamentales, porque ninguno es menos importante. Y quienes hoy recurren a las firmas para derogar un derecho, dejan ver sus crudas intensiones. ¿Dónde está esa bullosa comunidad gay que no sale a la calle a contrarrestar esta campaña? Cierren filas en contra de quienes pretenden continuar la persecución.          

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