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7/08/2015

Vivimos la nueva era colonial


Santiago Villarreal Cuéllar

Serpientes de distintas especies arrimando a poblados del centro del Huila; roedores corriendo en busca de refugio; aves nativas y migratorias volando sin rumbo; cientos de miles de insectos de diferentes especies desperdigados por todos lados; cientos de pequeños mamíferos de varias especies marchando hacia cualquier parte; la más grande e indiscriminada tala de árboles jamás vista en el Huila. El llenado de la represa del Quimbo trajo consigo la tragedia, la desgracia y la muerte para miles de hectáreas de flora, y cientos de miles de especies de fauna silvestre; sin contar el despojo, la migración y desplazamiento forzado de miles de familias, muchas de ellas nacidas allí; que ven con nostalgia, con su corazón henchido de rabia impotente y lágrimas en sus resecos ojos por tener que abandonar su hábitat, la tierra de sus sueños, de sus recuerdos; esa tierra donde muchos querían morir, pero la adversidad y la fuerza bruta de los nuevos colonizadores castraron para siempre.    
Nuestras naciones subdesarrolladas padecen la enfermedad de la nueva era colonial, donde los sátrapas (gobernantes de turno), se arrodillan para entregar, concesionar y regalar grandes extensiones de la geografía patria a los nuevos amos. Ellos vienen sedientos del oro, y como hace quinientos años, regresan por ese oro, la plata, el coltán, uranio, petróleo, y para desdibujar el curso de nuestros ríos sagrados, construyendo presas para generar electricidad; otras zonas del territorio son entregadas, en muchas ocasiones despojadas a sus dueños y poseedores a sangre y fuego, para sembrar palma africana y cumplir así los mandatos del nuevo orden mundial; mientras nuestra gente se muere de hambre, vive en la miseria, sin salud, sin educación y sin ninguna esperanza de vida.

La canallada de los nuevos colonizadores llegó al extremo, cuando pasando por todas las instancias legales de nuestra patria, ordenaron comenzar el llenado del Quimbo; no les importa nada, ni nadie; al fin de cuentas nadie, ni nada se hace en este país de sumisos, dóciles, donde su pueblo se preocupa más por quien ganó en el programa televisivo de la noche donde rifan un bombón, o aplaudiendo reinados de todos los colores. Produce rabia y risa la comedia de algunos lacayos (dirigentes políticos locales), cuando salen a protestar tímidamente por las redes sociales, argumentando que es un abuso lo del Quimbo. Sabedores que en los próximos comicios electorales locales el pueblo puede pasarles cuenta de cobro, se apresuran a presentarse como los defensores de la soberanía nacional. El pueblo sabe que sus manos están untadas de mendrugos que le arrojan sus amos para sellar sus labios mentirosos.     

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