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5/20/2014

Dialogando se logra la paz


Santiago Villarreal Cuéllar
Me llena de entusiasmo el nuevo acuerdo logrado en la agenda de la Habana, entre los negociadores del gobierno y las farc. Ponerse de acuerdo en el tema de los cultivos ilícitos no es tarea fácil, pero ello indica el buen camino de las negociaciones. No importa que los partidarios de la guerra, que son incitadores a la violencia y a la muerte, digan ahora que se trata de una maniobra electorera de Santos para conseguir la reelección. Los violentos siempre tendrán argumentos para oponerse al diálogo, a la concertación y a los principios civilizados. En las mentes enfermizas de estas personas encolerizadas, reina el rencor, la amargura, la incertidumbre y esos instintos animalescos, quizá heredados genéticamente de la alambrada de cerebros recién evolucionados. Porque no tiene otra explicación ese odio enfermizo hacia el proceso de paz que adelanta el gobierno. Y no se explica uno, cómo una nación de mayoría católica, con un gran porcentaje de llamados cristianos, y unas minorías religiosas judías, orientales y de otras creencias, cuya base de sus doctrinas es el amor, el perdón, la reconciliación y la paz, piensen e insistan en la guerra fratricida, en lugar de una paz concertada. Dentro de las diferentes culturas religiosas monoteístas y orientales, no conozco ningún Dios que promueva la guerra, el odio, la venganza, el rencor y la maldad. Quizá un día estas personas logren recapacitar sobre el valor inmenso del poder del dialogo; del poder de la palabra; del poder de la voluntad; y del poder de la tolerancia para obtener mejores beneficios que utilizando métodos belicosos.

En la historia colombiana sobre diálogos de paz entre gobierno y guerrilla, recordamos la firma de acuerdos políticos de grupos como el Quintín Lame, el Ejército Popular de Liberación y el M-19. Fue durante el gobierno de Virgilio Barco (1986-1990) cuando comenzaron estos diálogos y se firmaron en el comienzo de la administración de Cesar Gaviria (1990-1994). Hecho que desembocó, no solo en el cese del fuego, entrega de armas y el ingreso a la actividad política de estas guerrillas, sino en la misma Asamblea Nacional Constituyente que promulgó la nueva carta, con la participación de estos nuevos actores políticos. Pero no debemos olvidar que quien rompió el hielo sobre la necesidad del dialogo con los actores armados (guerrillas), fue el presidente Belisario Betancur (1982-1986), en cuyo mandato se hicieron importantes acercamientos con las farc, M-19 y eln. Si bien esas negociaciones fracasaron, allí se plantó la semilla del dialogo y la concertación, como otra alternativa civilizada para lograr la paz.      

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