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6/19/2013

El Guando



Santiago Villarreal Cuéllar
En las oscuras y frías noches de las montañas tolimenses y huilenses, avanzan lentamente por los lisos caminos, unas veces pedregosos, otros convertidos en lodazales, cuatro sombras tenebrosas, todas vestidas de negro, llevando sobre sus hombros el pesado Guando. Cuatro antorchas ubicadas sobre los cuatro costados, iluminan la figura del monstruoso cadáver cuyos rasgos físicos son los del mismísimo diablo. Generalmente este espíritu maligno, convertido en cuatro subcubos y un incubo mayor, descienden por el camino que serpentea en estrechas curvas.
Ascendiendo lentamente, avanza un jinete y su caballo, que corresponde a un campesino de la región, residente en la alta montaña. Mientras respiran el fresco perfume de las flores silvestres, el ocre olor a roble freso y el particular aroma de los cedros, el jinete alcanza a distinguir a lo lejos, en un recodo del camino, las antorchas que chisporrotean en la penumbra. El caballo lanza un relincho de advertencia y se detiene; se niega a avanzar, no obstante que el campesino aguijonea con sus espuelas la barriga del animal; el equino se para en sus patas y de no ser por la destreza del montador, hubiera caído a tierra. Finalmente, aparece a pocos metros el tenebroso guando, y el horripilante cadáver se levanta de su lecho emitiendo un estremecedor ruido como de graznido de un toro salvaje. El campesino cae al suelo dominado por el terror, mientras el caballo huye despavorido montaña abajo, lanzando los más terribles relinchos.
Al comenzar a rayar las primeras luces emitidas por el plateado disco, varios caminantes que madrugan a llegar a sus parcelas, auxilian al aterrorizado hombre que tirita de frío y miedo. Cuenta su historia a los demás, mientras le sirven un trago de aguardiente para calmar los nervios. Ninguno responde pues este relato es muy común entre los habitantes de estas comarcas, donde los espíritus del Guando, la Patasola, el Mohán, el Tunjo y la Candileja, son transeúntes permanentes de estos caminos. Etimología: Guando es una palabra Quechua para definir los rituales funerarios.


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