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3/24/2013

El Paro Cafetero fue una genuina insurrección popular




ROBERTO
CASTRO

El paro cafetero que acaba de concluir es un
evento histórico que demostró cuánto cami-
no nos falta por recorrer en el proceso de la
organización del pueblo en la lucha por sus
derechos. El atraso político de nuestra gente
no se supera de manera espontánea sino me-
diante un trabajo ideológico concienzudo y
metódico que aproveche las confrontaciones
sociales para ir, sobre la marcha, construyen-
do una organización política que oriente a las
organizaciones campesinas en el proceso de
identificación de las causas de los males que
nos aquejan y además, nos ayude a identificar
correctamente quienes son nuestros amigos y
quienes nuestros enemigos.

La movilización campesina que acaba de con-
cluir fue una genuina insurrección popular, un
acto de rebelión en el que las comunidades
interrumpieron el normal discurrir de la vida
económica en una gran porción del territorio na-
cional. La extensión, profundidad y contunden-
cia de la acción popular no puede ser explicada
con el consabido argumento de la infiltración
guerrillera o la versión oficial de los intereses
políticos que manipularon la protesta.

Ambas cosas existieron pero no fueron los fac-
tores decisivos en la fuerza de la protesta. Los
primeros se limitaron a promover la provocación
y terminaron erosionando el apoyo de la po-
blación; los segundos aprovecharon hábilmente
los medios para desviar la atención del mo-
vimiento colocando como blanco de la justa in-
dignación a la Federación Nacional de Cafeteros,
pavimentando la vía para que los departamen-
tos del antiguo eje cafetero retomen su dire-
cción o, peor aún, que el gobierno santista des-
monte la Federación y organice una institución
cafetera oficial.

El poderío de la movilización campesina de

febrero fue producto del intolerable empobre-
cimiento de la economía minifundista.

funcionar en Colombia movimiento alguno que
tenga un trabajo político serio entre la población
campesina, su dirección quedó en la cabeza de
los movimientos guerrilleros y los políticos tradi-
cionales. Por eso las acciones cotidianas de los
encargados del bloqueo de vías demostraron
el atraso político que fue erosionando el apoyo
popular; por ejemplo: En algunos puntos del
bloqueo se impidió el paso de las ambulancias
y misiones médicas, contrariando principios el-
ementales del derecho internacional humani-
tario y del sentido común. Se impidió también
el paso de los vecinos, habitantes de la región
que necesitaban bajar al pueblo a vender sus
productos, a hacer diligencias o asistir a clases.
Esto generó desabastecimiento en los centros
urbanos y poco a poco fue introduciendo sen-
timientos adversos al movimiento entre sec-
tores económicos que ofrecieron un apoyo
genuino. Vale la pena mencionar el caso de los
productores de leche, caficultores muchos de
ellos, quienes tuvieron que sacar su producto
por los potreros, de manera clandestina. Ellos
recibieron amenazas y visitas de inspección a
las fincas que produjeron escozor por su tufillo
estalinista: una degustación de la dictadura del
proletariado!
El paro cafetero pudo haber sido aprovecha-
do para educar al pueblo en los principios de
unidad para la conquista de logros que bene-
ficien a toda la comunidad. Hay una claridad
total de que si a los cafeteros les va bien, a to-
dos nos va bien. Pero al no existir una visión
política que promueva la unidad del pueblo, lo
que inició como una vibrante protesta popular
se convirtió en un plantón que pronto empezó
a languidecer en medio de un fuerte olor a ex-
crementos humanos. Un movimiento que se
pudo haber convertido en una marcha masiva
hacia la capital en demanda de concesiones
que afectan el costo de producción del café,
tales como la reducción del precio del combus-
tible, la eliminación de los peajes, la reparación
y mantenimiento de las vías secundarias y ter-
ciarias, la reducción de los intereses bancarios y
eliminación de tarifas onerosas, etc. etc.
Pero no. Se distrajeron en promover pequeñas
rencillas parroquiales, en atizar la envidia hacía
los agricultores, ganaderos y comerciantes que 
están por encima del nivel de pobreza y a gran-
jear enemistades entre los mismos vecinos. Ac-
titudes que celebra la guerrilla, que busca am-
bientar así el secuestro y la extorsión. Actitudes
bienvenidas también por el gobierno, que tiene
muy en claro que una insurrección popular bien
dirigida es la única fuerza que puede poner en
peligro la supervivencia del vetusto aparato del
Estado colombiano.
Finalmente, al acabar el hervor, los cafeteros sa-
ben que el subsidio arrancado para el precio del
café seco de trilla a duras penas los protege de
trabajar a pérdida. Las lecciones del paro cafetero
son muy valiosas y se aprestan las organizaciones
campesinas a librar nuevas y mas profundas jor-
nadas de lucha y de protesta.


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