Santiago
Villarreal Cuéllar
Hasta
los más grandes criminales tienen reglas a la hora de decidir
asesinar una persona. Algunos tienen en sus “códigos de honor,”
no matar ni mujeres, ni niños. Salvo los casos de para-militares que
en Colombia no tuvieron escrúpulos y en algunas regiones no
perdonaron la vida de las mujeres, ni de los niños, los demás
asesinos profesionales y a sueldo tienen cierta consideración,
especialmente por los menores.
¿Qué
pensará usted y yo, de semejante horror? Los seres humanos
civilizados, de principios morales, éticos y humanistas, nos
horroriza cada que escuchamos que un niño ha sido asesinado. Y
traigo a colación este espeluznante tema, porque en el municipio de
Pitalito ocurrió el lunes 22 de julio un crimen horrendo y cobarde.
Brayan Nicolás Imbachí Fajardo, un niño de escasos nueve años,
estudiante de primaria de una institución educativa pública, fue
asesinado a balazos. Esto debe conmocionarnos; este terrible caso
debe llamar la atención de toda la sociedad y nuestro deber
constituye lanzar una protesta generalizada contra esta clase de
casos. No podemos quedarnos con los brazos cruzados, viendo como
asesinan inmisericordemente a nuestros niños, que son la semilla que
germina y crece para continuar haciendo patria. Estas pequeñas
criaturas, ángeles inocentes, no pueden ser cobardemente asesinados
por dementes que ni siquiera piensan a la hora de cometer crímenes.
Las
autoridades policiales y judiciales, no deben escatimar esfuerzos a
la hora de buscar estos malvados y ponerlos a buen recaudo. Y las
personas que de alguna manera sepan, o tengan algún conocimiento,
alguna pista sobre estos sicópatas, deben colaborar con información.
No deben tener miedo por su vida, sino que deben pensar en sus
propios hijos, porque si estos asesinos siguen sueltos, mañana
podrán asesinar a nuestros propios pequeños. Aquí no debe haber
tolerancia; aquí no se puede dar tregua a estos criminales; la
justicia debe llegar de forma implacable y ejemplar. Nuestro sur del
Huila no puede albergar asesinos de esa laya, porque ello constituye
un serio peligro para nuestros niños.
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