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12/03/2013

¿Quiénes son dorgadictos?


Santiago Villareal Cuéllar

Gruesas bocanadas de humo blanquecino brotan por boca y nariz del hippie, mientras recoge su melena; el olor del humo es particular: marihuana; debajo del puente de cualquier ciudad, un desarrapado da los últimos chupones a una colilla, que antes fue cigarrillo, pero se acondicionó para introducir residuos de cocaína (bazuco); en una esquina abandonada un adolescente, marginado por su familia, el estado y la sociedad indolente, respira con su nariz metida en un frasco que contiene una substancia pegante; en una oficina ejecutiva, el empresario absorbe clorhidrato de cocaína de excelente calidad mientras sus ojos y nariz se tornan rojos; el joven estudiante fuma un cigarrillo, que ni siquiera sabe cómo cogerlo; en la fiesta de cumpleaños de Tirso, este bebe aguardiente, ron, cerveza y hasta whisky de buena calidad; Amalia toma muy a las seis de la mañana su primera tableta de anti-pertensivo; ritual que repite a las seis de la tarde todos los días; Mateo también toma insulina oral para mantener su nivel de azúcar bajo; padece diabetes.
Según la psiquiatría, todos los pacientes enumerados anteriormente corresponden a alguna patología. Unos son enfermos psicosomáticos, otros son compulsivos y algunos son adictos potenciales debido al padecimiento de una enfermedad crónica. Sin embargo, nuestra sociedad clasista, hipócrita y en muchos casos ignorante, cree que solo son drogadictos aquellos desgraciados que consumen marihuana, bazuco y pegante. La cocaína corresponde a un estrato social más alto y no es tan mal vista. El cigarrillo, aunque todo el mundo sabe, es perjudicial para la salud, no causa demasiada repulsión. “Lo fumo para calmar los nervios,” dice un señor ansioso. Para esta sociedad mojigata el alcohol es perfectamente normal. “No ve que hasta Jesucristo consumió y multiplicó el vino,” afirma una señora ya entrada en tragos. Y las grageas que a diario consumimos para tratar nuestras enfermedades, son prescritas por el médico. Somos drogadictos por cuenta de una medicina que no ha descubierto, ni las causas de la enfermedad, ni mucho menos la curación.
La inmensa mayoría de seres humanos tenemos algún tipo de adicción, y como consecuencia somos drogadictos. Eso sin contar las compulsiones, al juego, a la religiosidad y otras patologías que aunque parecen sencillas no dejan de ser eso, enfermedades mentales. Pero nos creemos las, o los súper, con capacidad para criticar, fiscalizar y juzgar otros seres humanos por sus adicciones. Razón tenían algunos filósofos griegos cuando catalogaban al hombre como el ser más peligroso de las especies vivas. No obstante, los humanos seguimos siendo los seres más maravillosos existentes en este planeta.        
      


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